Intersección entre música y moda ep1
- Laurel Creative Studio
- 11 jun
- 4 min de lectura
Código, identidad y por qué tu cerebro detecta cuando algo es falso
Cuando vemos a alguien cuya imagen está completamente alineada con lo que hace y cómo actúa, algo en nosotros lo reconoce. Puede leerse como prejuicio, y en parte lo es, pero también es el cerebro encontrando coherencia. Por eso nos sorprende cuando alguien que se viste de negro y tiene tatuajes resulta ser más alegre y amable de lo esperado, o cuando una persona de clean look dice que le gusta el black metal. Y por eso tiene todo el sentido cuando esa misma persona dice que es fan de Taylor Swift, hay algo neurológico en esa reacción
En semiótica hay una distinción que vale la pena entender para abordar la apasionada e intrínseca relación que existe entre la moda y la música, y es la diferencia entre un signo, un símbolo y un código. Esto nos ayudará a entender cómo se construyen sistemas de identidad culturalmente entretejidos con manifestaciones creativas como lo son estas, aunque podría hacerse el mismo análisis con el cine, la arquitectura, el arte plástico, el teatro, etc. Un signo es algo que representa algo, por ejemplo, el negro como color en una prenda es un signo. Representa ausencia de color, oscuridad, pero por sí solo no dice nada definitivo. Un símbolo es un acuerdo cultural sobre ese significado, cuando una cultura acuerda que el negro significa duelo, se vuelve símbolo, todos saben lo que significa porque hay un acuerdo colectivo sobre esa asociación. Un código es un sistema donde esos símbolos funcionan juntos y se necesitan mutuamente para producir sentido, Cuando el negro aparece junto a cuero, cadenas, maquillaje oscuro, música con distorsión y una actitud de rechazo a la norma, se vuelve código. Ya no es un color ni un símbolo aislado. Es parte de un sistema donde cada elemento refuerza a los demás y juntos producen un significado que ninguno podría producir solo. Eso es lo gótico. El punk es un código. Si la música dice vamos a romper todo, el vestuario tiene que romper también. Chaquetas de cuero destrozadas, asimetría, colores que agreden. Sin ambos elementos funcionando al mismo tiempo, el código falla. La persona está recibiendo dos instrucciones contradictorias simultáneamente, y el cerebro lo registra como incoherencia. Esto explica por qué alguien con ropa goth escuchando pop genera disonancia. No es que no se pueda hacer, o que la ropa o la música esté mal, sino que mandan señales encontradas Muchos directores creativos de marcas van por la vida viendo a los artistas como un público objetivo al cuál su marca le vende y no como un agente de construcción cultural que materializa en un medio diferente lo mismo que ellos también comunican. De la misma manera, muchos artistas ven a las marcas como fuentes de patrocinio o simplemente espacios donde conseguir prendas para su próximo videoclip, y no como una comunidad que manifiesta una identidad a través de esas prendas que tal vez es la misma identidad que su música representa. Ahí hay una enorme oportunidad perdida, de hecho, los artistas y las marcas que entienden cómo pueden colaborar como un ecosistema son los que generan relevancia sostenida en el tiempo, campañas exitosas y establecer un culto a su alrededor. Un ejemplo de esto ha sido Farrel Williams en todas las marcas que ha trabajado, desde Marc Jacobs que le abrió las puertas hasta hoy en día que es el director de la línea masculina de Louis Vouitton. Kanye es otro artista que ha entendido esto a la perfección. Uno de los factores que más influyó en lo mediática que fue Lady gaga en sus inicios fue la moda con la que decidió construir su universo artístico. Hoy en día hay ejemplos más directos, Young Miko creando en conjunto con GAP, un video que es al mismo tiempo campaña y videoclip. Bad Bunny sacando una colección con Zara. La lista es enorme, en la cultura pop son dos de las industrias que juntas mueven más atención, emociones y dinero. Entonces, si música y moda funcionan como código, hay una pregunta que sigue: ¿ese código expresa una identidad que ya existe, o la crea ? La respuesta es que la crea.
Un joven en Londres en 1979 no era punk antes de vestirse como punk y escuchar la música. En el momento en que hace ambas cosas, simultáneamente, la identidad surge. Algo que no existía antes existe ahora. La identidad no es una esencia esperando ser expresada, es un acto que se repite hasta volverse real.
En Medellín existen varios espacios en los que personas de subculturas se reúnen, el Pasaje Cervantes en el centro es hoy en día uno de ellos. Alternativos, góticos, metaleros, punkeros, queer o personas que simplemente disfrutan de la libertad y la diversidad confluyen allí. La identidad, tanto individual como colectiva se construye en el momento en que los elementos de esa identidad entran en acción, en el momento en que se visten de cierta manera y es donde la música suena de cierta forma. Es la identidad construyéndose en tiempo real. Cuando no está alineado, es un disfraz.
La diferencia entre los dos es estructural. La autenticidad va más allá de la estética, es coherencia entre elementos.
Esto tiene consecuencias directas para marcas y artistas. Si una marca comunica innovación pero su identidad visual es convencional, eso es incoherencia. Si un artista dice representar rebelión pero su imagen es pulida y comercial, eso es incoherencia. La audiencia lo detecta sin necesidad de analizarlo.
Y cuando el código está alineado pasa lo contrario. Otras personas que operan con el mismo código te reconocen. Ahí es donde aparece la tribu, donde se forman los movimientos culturales, donde una comunidad empieza a existir alrededor de algo, es el resultado natural de la coherencia.

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