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Lox and Chain no vende un ser humano de luz

Foto del escritor: Laurel Creative Studio
Laurel Creative Studio
23 sept
4 min de lectura

La industria de la moda tiene un ideal casi religioso: la persona perfecta, sin vicios, sin impulsos, sin sombras. Piel limpia, alma limpia, vida limpia. Casi toda la publicidad de hoy vende esa versión pulida de existir. Lox and Chain hace exactamente lo contrario, y por eso su contenido golpea distinto.


Cuando lanzaron su línea de cinturones, el mini corto que hicieron para redes empieza con la cámara a ras del piso en un baño público. Solo vemos pies. En un cubículo, dos personas juegan ajedrez con el tablero puesto en el piso entre ambas puertas. A uno se le cae una bolsita de droga, se agacha a recogerla, y ahí aparecen los anillos y la correa de la marca. En otro cubículo, dos personas están teniendo sexo. En otro, alguien se sienta en el sanitario, se baja el pantalón, y el pantalón tiene puesto el cinturón de Lox and Chain. El video cierra con texto rojo brillante apareciendo letra por letra: "We make belts now."


No suaviza nada para que se sienta más aceptable, muestra droga, sexo y un baño público exactamente como conviven en la vida real de mucha gente, y pone el producto en medio de eso sin pedir perdón. Mientras la mayoría de marcas hoy compiten por ser clean look, clean life, clean soul, Lox and Chain usa el cigarrillo como elemento constante de su identidad, al punto de tener accesorios construidos alrededor de él. Uno de sus productos es una manopla que es también un encendedor. El video que lo presenta muestra a un hombre calvo, sin cejas, sin camisa, en una habitación vacía de un lugar abandonado, tratando de prender un cigarrillo. Cada vez que lo intenta, alguien toca la pared como llamándole la atención. Se enoja, se para frente a la pared, la golpea de vuelta, pega el oído a ver qué escucha. Justo frente a su cara, del otro lado que nunca vemos, una mano rompe la pared. Trae puesta la manopla. Prende el encendedor integrado. Le da fuego al cigarrillo.


Y después está la pieza que probablemente sea la más lograda de todas: un hombre de unos 60 años juega cartas en una calle de Italia con uno mucho más joven. Los dos vestidos elegantes pero alternativos, camisas con los botones abiertos, plata encima. El mayor le pregunta al joven si fuma. El joven dice que no, que solo cuando toma. La cámara corta al viejo, desenfocado, con un anillo grande de plata en forma de cruz. "No, así no se fuma", le dice. "Nunca fumes cuando estés feliz." El siguiente plano es un detalle del anillo: se abre en la punta y revela un compartimento con un cigarrillo adentro. Se lo enciende. Fumar, le explica, es para el duelo, la reflexión, la venganza, y hacer los impuestos. Le pasa uno al joven, que lo agarra mal. "Así no, así solo lo cogen los turistas." El joven pregunta dónde se puede fumar. "En todas partes. Es Italia." Segunda regla: nunca antes del café de la mañana. Si vas a tomar malas decisiones, que al menos sea con disciplina. El video sigue con los dos caminando por calles italianas, otros hombres mayores fumando alrededor, mientras el viejo le da al joven lecciones de vida entre reflexión y reflexión.


Es storytelling de una precisión enorme. El producto, un anillo que también es cigarrera, es en sí mismo disruptivo dentro del mercado de joyería actual. Y en vez de anunciarlo con una ficha técnica, lo insertan en una narrativa completa que solo alguien que entiende profundamente a su público podría construir. Saben exactamente que a quien tienen que gustarle, le va a encantar. Y saben, sin ansiedad, que a quien no le guste, no importa, porque esa persona nunca fue el público que estaban buscando. No buscan gustarle a todo el mundo, buscan pertenecerle profundamente a los suyos.


Hay algo que distingue a Lox and Chain de la enorme cantidad de marcas que hoy intentan sonar "auténticas" o "disruptivas" como estrategia de marketing y es que el producto es igual de arriesgado que la campaña. La mayoría de esas marcas se quedan en el gesto visual, un video crudo, una estética alternativa, una frase provocadora, y detrás un producto idéntico al de cualquier competidor. La autenticidad actuada se nota, porque termina ahí, en la pantalla. La manopla-encendedor existe de verdad. El anillo-cigarrera existe de verdad. La disrupción no se queda en el video, atraviesa hasta el objeto físico que terminas comprando. La imagen magnifica algo que ya es real.


Con pocas marcas me pasa sentirme tan identificada, y siendo alguien entrenada profesionalmente en imagen, no me dejo capturar fácil por ninguna estrategia. El nivel de autenticidad detrás de lo que hacen atraviesa las barreras que el mercado y el marketing suelen levantar entre marca y espectador. Y eso, cada vez más, es exactamente lo que las marcas de hoy tendrían que estar haciendo, en un mundo donde el capitalismo permeó cada rincón de nuestra vida, donde las empresas ya forman parte íntima de la cultura y de las emociones de las personas, producir cultura de verdad, contenido con el que la gente se identifique y conecte de forma genuina es responsabilidad, y es también la manera más sólida de asegurar el éxito de una empresa.


Lo que más admiro es que llevan la disrupción hasta las últimas consecuencias, más allá de la publicidad, metida en el producto mismo. No todo el mundo es clean look. No todo el mundo encaja en el molde de pureza que domina el mercado. Esa representación importa, no solo porque es una porción enorme de la población que rara vez encuentra marcas que le hablen de frente, sino porque vivimos una época en la que el conservadurismo vuelve a tomar terreno, convencido de que su forma de ver la vida es la única válida. Romper con eso a través de una marca de joyería va más allá de una jugada de mercado, como yo lo veo es un acto de resistencia. Y esa resistencia es exactamente lo que le da a Lox and Chain algo que todos buscan pero por miedo a ser diferentes nunca encuentran y es alma.



 
 
 

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